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Las figuras retóricas o figuras literarias recogen todos aquellos procedimientos lingüísticos que han sido y son utilizados para causar extrañeza, conmover al auditorio o provocar en él la reacción esperada por el emisor del mensaje. La estilística estudia estas figuras, y el estilo literario de las distintas épocas nos informa de cuáles han sido los procedimientos preferidos por cada escuela de conformidad con su particular gusto estético.
Las figuras retóricas se clasifican, como refieren las tablas que siguen, en figuras de dicción, de pensamiento, y tropos:
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FIGURAS DE DICCIÓN |
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1º Por Adición de palabras |
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2º Por Omisión de palabras |
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3º Por repetición de palabras |
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4º Por combinación de palabras |
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4ºA- Analogía de sonidos |
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4B Analogía accidentes gramaticales |
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FIGURAS DE PENSAMIENTO |
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A. Descriptivas o pintorescas |
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B. Patéticas |
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C. Lógicas |
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D. Intencionales |
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TROPOS |
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causa y efecto |
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procedencia |
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oficio |
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el signo por su significado |
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lo físico por lo anímico |
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La parte por el todo. |
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El todo por la parte. |
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El contenido por el continente |
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El continente por el contenido |
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La materia por la obra. |
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Singular por plural e inversa. "Silepsis in sensu". |
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Número determinado por indeterminado. |
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Género por la especie. |
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La especie por el género |
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Lo abstracto por lo concreto. |
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Lo concreto por lo abstracto. |
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La antonomasia: el individuo insigne por el nombre común o viceversa. |
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Semejanza física, |
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Semejanza moral o espiritual |
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Identidad de valor |
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Metáfora sinestésica |
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Metafora visionaria |
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Estas figuras se basan en la especial colocación de las palabras en la frase. Provocan juegos de palabras tanto por la fonética, como por el sentido puesto que morfemas y lexemas poseen significación. Es normal que con otra colocación de las palabras de la frase en cuestión la figura de dicción desaparezca.
Se produce esta figura cuando el emisor añade palabras que no suponen ninguna mejora para la comprensión, aunque estén cumpliendo una función expresiva importante. Es normal que aparezca en el lenguaje descuidado de la calle: ¡Sube para arriba¡. Pero también lo utiliza la lengua poética: Temprano madrugó la madrugada.
Esta figura permite insistir en una idea utilizando términos de significado similar y expresión diferente. Aunque la sinonimia es fenómeno lingüístico común, en este caso da origen a valores expresivos relacionados con la estética de la lengua.
¡Mentira¡ No tengo ni dudas, ni celos,
ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar¡
El epíteto es un adjetivo atributivo no restrictivo. Se adjunta al sustantivo sin nexo copulativo para expresar una cualidad sin necesidad lógica de expresarla. Predomina antepuesto al sustantivo, pero también puede ir pospuesto. Destaca una cualidad del nombre. La poesía grecolatina y su heredera renacentista usan el epíteto para señalar la perfección de la naturaleza pintando sus arquetipos. Su uso responde así a una concepción neoplatónica del mundo. Ese epíteto que pinta lo arquetípico se llama tipificador.
Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento
del solitario monte me agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
Convida a dulce sueño
aquel manso ruido
del agua que la clara fuente envía.
Gonzalo Sobejano, «El epíteto en la lírica española», señala estos otros:
Epíteto metafórico y perifrástico, donde el epíteto es portador de la metáfora.
cristalino freno (lentitud de las aguas) Góngora
¡Belleza del campo apenas florido
y mística primavera! Machado
* Hemos observado en garcía Lorca y otros autores modernos un epíteto semejante que acompaña al sustantivo que se ha hecho metáfora, y que no siendo explicativo del tropo sí lo es del significado aludido. En estos casos, el epíteto va situado con posterioridad:
La panocha guarda intacta
su risa amarilla y dura.
El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.
Ausencia leve como carne de niño
Epíteto enfático. Laudativo, intensificativo o denigrante por necesidad de énfasis en la expresión. Muy característico del movimiento romántico.
en vil mercado convertido el mundo
olas gigantes que os rompéis bramando
Epíteto apositivo. Situado entre pausas, casi un sustantivo, como una definición.
El aire estará en colmo
dorado, duro, cierto. Guillén.
Epíteto suprarrealista. Portador de una imagen cualitativa incoherente respecto de la significación real del sustantivo.
Una boca impotente como una fruta bestial.
También es la elipsis, al igual que la sinonimia, un fenómeno común en la lengua-instrumento; mas puede tener una intención estética siempre que suprime elementos de una frase, sin menoscabo de su claridad, para dar mayor energía y rapidez a la expresión. Suele la elipsis afectar fundamentalmente al verbo, que puede sobreentenderse, y convierte las oraciones en enunciados nominales.
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso...¡ yo no sé
qué te diera por un beso¡
El asíndeton suprime las conjunciones, dando vigor y rapidez. Cuando la elisión de conjunciones tiene lugar entre sintagmas nominales se caracteriza el texto por las pinceladas impresionistas que conforman un conjunto como suma de partes aisladas.
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas¡
En el zeugma también se omite una palabra, en este caso por haber sido nombrada anteriormente. Sin embargo la figura característica del conceptismo del Siglo de Oro suprime el vocablo aunque tenga relación "indirecta" con el nuevo elemento de la frase.
- No me canso de mi gusto.
- Yo pienso que vos lo vais.
La figura llamada anáfora repite a principio de verso, de frase o de periodo una o varias palabras; con independencia de la fuerza expresiva que provoca con la insistencia, crea un ritmo muy adecuado a la poesía o al lenguaje hablado.
Continuamente me llaman;
continuamente me acerco;
continuamente me empujan;
continuamente me alejo
y continuamente herido
a mi soledad me vuelvo.
En la conversión la repetición de palabra o palabras tiene lugar, no inicio, sino al final del periodo. No es tan frecuente como la anáfora, pero hay grandes poetas que han sentido especial predilección por esta figura, como Bécquer. No sólo marca ritmo, además contribuye a que veamos el decurso como una ecuación.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?",
y ella dirá: "¿Por qué no lloré yo?"
Esta figura de repetición reitera consecutivamente la palabra sobre la que se quiere poner un énfasis especial, aunque en muchos casos sea el ritmo más que la insistencia en el contenido lo que queda de manifiesto. Desde la literatura medieval a la actual aparece con frecuencia en el verso.
...por decir amén, amén,
decían amor, amor.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
Esta figura de repetición reitera al final del periodo la primera de las palabras mencionadas.
Mi agonía es la bárbara agonía
del que quiere evitar lo inevitable.
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no
La concatenación engarza las frases a fuerza de unir las últimas palabras de una y reiterarlas al comienzo de la siguiente frase. Produce efecto de coherencia entre lo que podía ser muy diferente.
Es toda ojos azules y en los ojos lágrimas.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Repite esta figura, que es la contraria del asíndeton, más de las conjunciones necesarias, dando al texto un ritmo solemne y lento.
Ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo.
Reiteración diseminada dentro del poema de palabras que funcionan como leit-motiven matizando totalmente la composición.
En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?
...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.
Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!
En la luna negra
sangraba el costado
de Sierra Morena.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?
La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.
Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!
En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?
En esta figura se dicen las mismas palabras, pero en orden inverso y con significación contraria.
¿ Siempre se ha de sentir lo que se dice ?
¿ Nunca se ha de decir lo que se siente ?
que llaman tierra de Campos lo que son campos de tierra
La aliteración es una figura literaria que busca un efecto sonoro en la repetición de un sonido o de sonidos similares. Tras él, y a pesar del carácter arbitrario entre significante y significado, espera que el sonido evoque unos contenidos que refuercen la significación de la frase. Así cuando Góngora escribe:
infame turba de nocturnas aves
consigue un efecto fónico que refuerza la expresividad por la extrañeza que provoca.
La onomatopeya es una aliteración a la que podemos dar un significado preciso. O cuando menos sugerir qué intenta representar la repetición insistente. Para ello, se puede tener en cuenta sin pretensiones de exhaustividad:
/r/ idea de trueno o redoble.
/l/ algo que fluye.
/s/ y /x/ silbido o soplido.
/p/,/t/,/k/ estallido.
Pero nunca sirven en estos casos las normas generales y cada texto requiere de explicación e interpretación específicas.
Tristes membranas frías levanta el barro oscuro. (frío)
como brisa que besa abedules. (beso)
Precedente y similar a la rima, la similicadencia - frecuentemente defecto en la expresión oral - usa palabras de sonido similar por encontrarse en el mismo accidente gramatical.
Con asombro de mirarte, Irémos a misa,
con admiración de oírte, verémos la iglesia,
no sé qué pueda decirte, darános un cuarto
ni qué pueda preguntarte. mi tía la ollera.
Es un juego más de sonidos que combina entre dos palabras todos excepto uno. Sigue siendo de uso frecuente en trabalenguas y lenguaje publicitario por la extrañeza que produce. Acentúa el contraste entre expresión y contenido.
Y duele pasar sin saber
el secreto que en la hora indecisa
dice, acaso con risa, la brisa
Madre, no seré casada
por no ver vida cansada
El búho siente que ama la llama del sol
En esta figura se acumulan términos relacionados entre sí ya que pertenecen a la misma raíz. En ocasiones se entremezcla con el pleonasmo, cayendo en redundancia de la misma idea.
Créeme, Juana, y llámate Juanilla;
mira que la mejor parte de España,
pudiendo Casta, se llamó Castilla.
los brazos en abrazo de la Tierra
Es un caso de derivación donde la familia de palabras repetida pertenece al mismo verbo, en distintas formas de la conjugación.
¡ Cuando quise morir, Dios no lo quiso;
hoy que quiero vivir, Dios no lo quiere ¡
Me lloraré yo misma para llorarlos todos.
Los hipérbatos se caracterizan por una construcción sintáctica que no es usual, aunque no impida la comprensión del texto. El Español tiene muy variadas formas de colocación de palabras y su primer texto literario comienza con un hipérbaton: De los sos oios tan fuertementre llorando...
Pase a medianoche el mar que yo más quiero pasar
y arda en amorosa llama del golfo de mi lagar
Leandro por ver su dama; la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.
Es juego de palabras basado en el equívoco, como también se llama, y consiste en aprovechar la doble significación de los términos polisémicos y homónimos para fomentar la extrañeza. Fue muy explotada en el Barroco, tanto en verso como en prosa.
Topamos un muchacho medio rapado, que por andar no tanto como las cabalgaduras, en alcanzándole preguntóle el oidor: "¿Adónde vas, mozo?" Él respondió: "A la vejez". Oidor: "No digo sino ¿qué camino llevas? Muchacho: "El camino me lleva a mí, que yo no a él" Oidor: "¿De qué tierra eres?" Muchacho: "De Santa María de todo el mundo". Oidor: "No te digo sino en qué tierra naciste?" Muchacho: "Yo no nací en ninguna tierra, sino en un pajar". Oidor: "Bien juegas del vocablo". Muchacho: "Pues siempre pierdo, por bien que juego". Oidor: "Este muchacho no debe ser parido como los otros". Muchacho: "No, porque nunca me he empeñado". Oidor: "Quiero decir, pues no dices dónde naciste, no debiste salir de madre". Muchacho: "¿Pues soy yo río para salir de madre? Oidor: "A fe que no tenéis la lengua muy ruda". Muchacho: Si fuera ruda no la trujera tan cerca de las narices". Oidor: "¿Tienes padre?" Muchacho: "Antes por no tener muchos vengo huyendo, porque me metieron fraile, y había tantos padres que no podía sufrillos." Oidor: "¿Y es mejor andar como correo?" Muchacho: "Por huir de la correa bien puede ser un hombre correo."
La poesía jocosa, el juego y la adivinanza, han encontrado en esta figura motivo para provocar extrañeza y hacer chiste. En el calambur el doble significado proviene de la separación silábica al construir una frase.
Cuando Dios llamó a Gavino
al interior del Edén,
no dijo:- Gavino, ven;
sino dijo:- Venga, vino.
Con dados ganan condados
Por medio de ella el escritor da cuenta detallada de los rasgos físicos de una persona. Obviamente es más frecuente en prosa que en verso, pero incluso la lírica procede a menudo a partir de la descripción de rasgos físicos aunque no de manera exhaustiva.
...Decidme si en la boca
tenéis un rumoroso colmenero,
si las orejas vuestras son a modo
de pétalos de rosas ahuecados...
Con ella se designa la descripción de las características anímicas de una persona o animal. Describe por tanto formas de ser, caracteres y temperamentos.
Yo busco una mujer boca de risa,
guardosa sin afán, franca sin tasa,
que al honesto festín vaya sin prisa,
y traiga entera su virtud y gasa;
no sepa si el sultán viste camisa,
mas sepa repasar las que hay en casa;
cultive flores, cuide pollas cluecas,
despunte agujas y jorobe ruecas.
El padre director no la visite,
ni yo pague la farda en chocolate;
que rece poco y bien, riñas me evite;
no sea gazmoña ni con ellas trate;
sólo mentarla toros se espirite;
primo no tenga capitán o abate;
probar el vino por salud lo intente;
pero ¿tomar tabaco? Aunque reviente.
El retrato es la descripción que une la prosopografía a la etopeya, describiendo tanto física como anímicamente a la persona. Desde luego los animales no quedan excluidos de la posibilidad de ser retratados.
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿ por qué si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡ Ay, tormentos rabiosos ¡
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Se llama así a la figura descriptiva que pinta con palabras un paisaje. La descripción de cualquier lugar responde a topografía.
Cerca del Tajo, en soledad amena
En todas las figuras patéticas se traduce la emoción de una vivencia, de un sentimiento. La oración exclamativa, fónica y morfosintácticamente, expresa apasionamiento y vehemencia tanto en la alegría como en la pena.
¡ Ay, qué larga es esta vida ¡
¡ Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que está el alma metida.¡
La interrogación retórica es una afirmación de hecho de aquello